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3 de marzo de 2012

Monster Box 2, o cinco películas de la serie B del siglo XXI que hay que ver

Bienvenidos a la segunda entrega de Monster Box, una sección de este blog destinada a recomendaros esas películas que pasan desapercibidas para la mayoría del público pero de las cuales debería haber una copia en la estantería de todo buen cinéfilo.
Esta vez, me centraré en joyas del séptimo arte más barato pero con más corazón (y tripas, e intestinos, y cerebros...) de la primera década del siglo XXI. Tal vez no estén todas las que son, pero lo son todas las que están, así que coged vuestro bol de palomitas y un refresco tamaño extragrande, apagad los teléfonos móviles, ¡y disfrutad del viaje!


Freddy vs Jason (2003) de Ronny Yu

Por qué? Resulta curioso que empecemos el viaje con una película que tiene de todo menos un bajo presupuesto y pobres efectos visuales, pero dada la repercusión de los personajes a los que nos referimos y la productora que produjo el film, espero que lo entendáis y me perdonéis.
La idea de realizar este duelo de titanes del slasher venía de lejos. En 1987, New Line Cinema y Paramount intentaron por primera vez realizar un crossover de las dos franquicias pero, tras barajar varios guiones y tramas, no lograron ponerse de acuerdo. Tras el fracaso en taquilla de "Viernes 13 Parte 8: Jason toma Manhattan", los derechos del serial killer de Crystal Lake pasaron a New Line, pensando que así resultaría más sencillo llevar a cabo el proyecto. Y sin embargo, hicieron falta un total de dieciséis años, dieciocho guiones y más de seis millones de dólares malgastados en pre-producción de posibles films para que por fin la cinta fuese rodada.
Como ocurre con las entregas anteriores de ambos personajes, aquí no hay que buscar una historia elaborada ni grandes actuaciones (exceptuando la del maestro Englund, por supuesto, a quien el disfraz de Freddy le sigue quedando como anillo a la cuchilla). Nos encontramos ante un producto de entretenimiento sin grandes pretensiones más allá de darles a los fans lo que largo tiempo llevaban esperando, un festival de sangre y humor negro que sienta bastante bien y resulta efectivo visualmente.
A pesar de las críticas, fue un rotundo éxito en taquilla, lo que propició el planteamiento de una segunda entrega en la que incluirían a otro grande de la serie B, el protagonista de la trilogía "Evil Dead", Ash Williams. Desgraciadamente, los involucrados esta vez no tuvieron tanta paciencia y el proyecto fue deshechado, siendo el guión reciclado para que la historia viese la luz en formato de comic book.



Ju-On: La maldición (2003) de Takashi Shimizu 

Por qué? El cambio de milenio supuso para el seguidor del cine fantástico toda una revolución al ver cómo de repente estábamos siendo invadidos por una infinidad de producciones de los países asiáticos que, a pesar de unos presupuestos rídiculamente bajos (como buena serie B), calaban hondo en el espectador a base de indagar en los miedos más básicos del ser humano, como el temor a la oscuridad o sentirse rechazado y abandonado por sus prójimos. "Ringu" ("The Ring - El círculo" en nuestro país) dio el pistoletazo de salida en Occidente, con una historia cuidadosamente elaborada y alusiones a populares leyendas urbanas. Y poco después nos llegó "La maldición".
Una casa encantada, los fantasmas de un niño muerto y su madre y un brillante juego de flashbacks y flashforwards durante todo el metraje convirtieron a esta humilde cinta en todo un éxito, que dio lugar a secuelas y el inevitable remake estadounidense, que en este caso fue puesto en manos de su creador para delicia de sus fans, que vieron cómo la obra no fue tan vampirizada y trastocada como ocurrió por ejemplo con la ya citada "Ringu" o "The Eye", por poner algunos ejemplos.
A destacar sobre todo la actuación de Yuya Ozeki y Takako Fuji en los roles de Toshio y Kayako Saeki.



Jenifer (2005) de Dario Argento 

Por qué? En el año 2005, el canal estadounidense de cable Showtime decidió dar luz verde al proyecto "Masters of horror", una serie creada por Mick Garris y formada por capítulos autoconclusivos de terror, en la misma estela de programas de culto como "Los cuentos de la cripta" o "En los límites de la realidad" ("The twilight zone"). Para ello, contrataron a grandes directores del género como Tobe Hooper ("Poltergeist", "La masacre de Texas"), Joe Dante ("Re-Animator", "Dolls"), John Carpenter ("Halloween", "La Cosa") o, por supuesto, Dario Argento, el director de esta cinta.
Hablar de Argento conlleva irremediablemente hablar del Giallo, una vertiente del cine de terror procedente de Italia que se caracteriza por sus extensas y violentas escenas repletas de sangre rodadas con cierto estilo poético que el director gusta de usar en sus obras. Buena muestra de ello son los filmes "Suspiria", "Trauma" o "Phenomena", por ejemplo. Y aunque "Jenifer" sea una película de encargo, el cineasta usa todas sus buenas armas para hacer de esta obra algo tremendamente personal. El sexo y la sensualidad casan con la violencia tanto explícita como implícita de la historia, que nos habla de un ser llamado Jenifer, cuyo rostro deformado y físico despampanante le sirven para destrozar de cualquier modo imaginable las vidas de todo aquél al que se acerca.
"Masters of horror" acabó siendo un proyecto un tanto irregular, con grandes películas pero también auténticos bodrios, y una producción a veces un tanto deficiente, a lo que tampoco ayudó el peso de la censura, que en el caso de "Jenifer" fue aplastante, eliminando varias escenas sobre todo de carácter sexual del metraje original. Pero os aseguro que, a pesar de todo y en este caso en particular, estamos ante una obra que puede levantar bien alto la cabeza.



[•REC]¹ (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza

Por qué? Era inevitable hablar en esta entrada de alguna película de zombies ya que, junto a la ya citada fiebre asiática de los '00, supuso una de las corrientes más seguidas en este principio de siglo, y ello se traduce en la producción de grandes hitos del cine de género, ya sea en forma de películas originales ("28 días después"), remakes ("El amanecer de los muertos") e incluso comedias ("Zombis party").
"[•REC]¹" sigue el ejemplo del falso documental que ya utilizaron con anterioridad otras cintas como "El proyecto de la bruja de Blair" u "Holocausto caníbal" para narrarnos la historia de un contagio zombi como sólo un español podría hacerlo, en el seno de una comunidad en la que el racismo, el comportamiento burgués, el egoísmo y la soledad ya estaban ahí mucho antes de la infección. Tiene escenas efectivas que te hacen saltar del asiento, un reparto carismático con el que el espectador se puede sentir fácilmente identificado, y un juego de cámara muy logrado, algo complicado en este tipo de material, sobre todo a la hora de jugar con luces y sombras. Y todo ello además coronado con una de esas líneas en el guión que surgen cada cierto tiempo e ipso facto pasan a formar parte de las anales de la historia del cine: "Pablo, grábalo todo. Por tu puta madre."



Zombie strippers (2008) de Jay Lee

Por qué? Y para cerrar esta edición de Monster Box, y tras haber hablado de blockbusters, cine español y asiático y telefilms, nos centramos en una cinta 100% B, en la que encontramos todos los ingredientes que han hecho famoso a este tipo de cine: terror, comedia negra, mucha sangre y entrañas y, sobre todo, mujeres ligeras de cascos y de ropa, una de las señas que parece que más se está perdiendo por el camino, aunque aquí no sea el caso.
La película responde al siguiente interrogante: "¿Y qué ocurriría en un local de striptease si llegara el holocausto zombi?". Y la respuesta es un despropósito de película, en el buen sentido de la palabra. Tenemos a la Madame rusa que no para de contar lo dura que es la vida de una stripper en su duro país, un Robert Englund que nos ha sido metido con calzador pero cuya presencia agradecemos, soldados dispuestos a dar la vida por su país en clave de sorna y mucha mujerzuela valiéndose de todas las habilidades adquiridas gracias a su trabajo para ser lo mejor zombis posible.
Atentos a la escena de las bolas de billar, ¡es una imagen que tardaréis tiempo en olvidar!


2 de marzo de 2012

Doctor Who, o cómo morir y renovarse

Ya era hora de rescatar del ostracismo este humilde blog, y qué mejor forma de hacerlo que hablando de una de las más populares series de ciencia-ficción de la historia de la televisión, en la que además está inspirado el título de este blog.

David Tennant, el 10º Doctor
"Doctor Who" es la serie fantástica más longeva de la televisión británica, con 784 episodios a sus espaldas, a los que habría que añadir cuatro especiales para la beneficencia, dos miniseries animadas y cuatro spin-off, siendo el más conocido de ellos "Torchwood" (cuyo título es un anagrama del de la serie de la que deriva). Y el motivo de su éxito es que se trata de un programa que, además de contar con un cuidado trabajo de producción y unos excelentes guiones, ha sabido renovarse y adaptarse a las distintas épocas en las que se ha emitido, convirtiendo a su protagonista en todo un icono de la cultura contemporánea en Reino Unido. ¿Pero quién es este "Doctor"?

El 23 de Noviembre de 1963, la BBC emitía "An unearthly child", el primer capítulo de la saga, en el que, tras una inquietante y tétrica cabecera, nos presentaban al "Doctor", un enigmático personaje del que poco o nada sabíamos aparte de que se trataba de un viajero espacio-temporal que visitaba distintos planetas y épocas a bordo de una nave llamada TARDIS (siglas de "Time And Relative Dimension In Space" - "Tiempo Y Dimensión Relativa En El Espacio" en castellano), y poco a poco, a lo largo de las temporadas, fuimos aprendiendo más acerca del origen, la vida y los logros de este personaje.
El Doctor es un habitante del planeta Gallifrey, perteneciente a una de las razas más poderosas y temidas del universo, los Señores del Tiempo, de carácter manipulador y belicista, lo que les ha llevado a granjearse la enemistad de muchas otras culturas a lo largo y ancho de la galaxia. Nuestro protagonista, en completo desacuerdo con los objetivos destructivos e imperialistas de sus congéneres, decide un buen día partir de su planeta natal para vivir aventuras, ajeno a su raza, salvando vidas y deshaciendo entuertos (que muchas veces él mismo ha propiciado), siempre y cuando sus acciones no afecten al continuo espacio-tiempo.
Interior de la TARDIS
El Doctor, al igual que el resto de su especie, posee la extraordinaria habilidad de regenerarse, es decir, modificar y renovar su forma humana y aspecto en momentos cercanos a la muerte, para así eludirla, por lo que su existencia es antinaturalmente longeva. Éste fue un giro de tuerca bastante habilidoso por parte de los responsables de la serie que, al ver el éxito de ésta, buscaron una alternativa para poder continuar un programa que gira en torno a un único personaje aunque su actor principal decidiera abandonarlo. Además, cada cuerpo posterior parece ser más joven que el que deja atrás y su personalidad también cambia en el proceso (algo muy conveniente para que los actores no tengan que mimetizar las actuaciones de sus predecesores), aunque sus recuerdos de encarnaciones pasadas quedan intactos.
Desde ese primer capítulo y hasta el día de hoy se nos han seguido dando pistas y haciendo revelaciones acerca del personaje: sabemos que tiene esposa, hija y nieta (que curiosamente no guardan relación entre sí), que ha sido el culpable de la cuasi extinción de su raza, que su mayor enemigo, otro Señor del Tiempo llamado el Maestro, también fue su mejor amigo de la infancia... Y aunque a veces da la impresión de que ciertos datos se obvian o eliminan en pos de la historia, siempre acaban siendo parte de un plan mayor que respeta la continuidad que se ha construido durante más de cinco décadas. 

Elisabeth Sladen, aka Sarah Jane Smith
Y si hablamos del Doctor, también tendremos que nombrar a sus "Companions", compañeros de viaje, en su mayoría humanos de nuestro planeta, que de forma accidental y casual se cruzan en el camino del protagonista y deciden acompañarle buscando la aventura de sus vidas. En su origen, su rol era el de darle a la audiencia alguien con quien identificarse, personajes que fueran meros espectadores que observaran atónitos las proezas del héroe y las amenazas a las que se enfrenta igual que lo haríamos nosotros ante tamañas situaciones. Pero, como ya he comentado más arriba, la serie ha ido evolucionando, y con ello el papel que desempeñan estos compañeros se ha vuelto cada vez más proactivo, llegando a ser protagonistas absolutos de varios capítulos e incluso en algunos casos series nuevas, como ocurrió con la intrépida Sarah Jane Smith (interpretada por la tristemente fallecida Elisabeth Sladen), que tuvo la oportunidad de compartir con nosotros sus aventuras lejos del Doctor pero cerca de sus enemigos durante más de cuatro años en un spin-off, o con el irreverente y descarado Jack Harkness, también viajero temporal y líder de un escuadrón de la organización gubernamental secreta Torchwood, fundada por la mismísima Reina Victoria de Inglaterra (como pudimos ver en el capítulo "Tooth and claw" de la segunda temporada de la segunda serie de Doctor Who).

Arthur Darvill, Matt Smith y Karen Gillan en los papeles de Rory, el 11º Doctor y Amy Pond
La serie, a pesar de su constante éxito, tuvo un parón desde el 4 de Enero de 1989 que duraría hasta el 26 de Marzo de 2005, cuando el virtuoso Russell T. Davies decidió recuperar una franquicia que nunca debería haberse ido, y actualmente los actores al frente de la serie son Matt Smith como el Doctor y Karen Gillan y Arthur Darvill como sus compañeros, con la recurrente aparición estelar de la veterana en televisión Alex Kingston en el papel de la enigmática River Song, que juntos, y gracias al buen hacer del último showrunner de la serie Steven Moffat, guionista de éxitos como las series "Jekyll" y "Sherlock" o la reciente adaptación a la gran pantalla de Tintín por parte de Steven Spielberg, han conseguido darle por enésima vez (y no nos cansamos) un nuevo aire a una serie de ciencia-ficción para nada convencional, en la que reemplazan las naves espaciales y las pistolas láser por mucho sentido del humor, grotescos y divertidos personajes y, sobre todo, un gran sentido de la aventura.


Los Daleks
Por último, no puedo concluir esta reseña sin hacer mención a los enemigos por antonomasia de la serie: los Daleks.
Odiados y temidos en todo el universo, estos seres, que a simple vista parecen robots de poco funcional y algo ridícula armadura, son en realidad seres mutados creados por Davros, último superviviente del planeta Skaro, y a pesar de su apariencia, basta ver diez minutos de metraje en los que aparezcan para comprobar lo despiadados y crueles que pueden llegar a ser y que el espectador llegue a comprender el auténtico peligro que representan.
Se les supone muertos al igual que a los Señores del Tiempo, consecuencia directa de la llamada Gran Guerra del Tiempo que enfrentaba a ambas especies pero, al igual que ocurre con nuestro protagonista, algunos Daleks escaparon y planean su venganza contra el que consideran su último enemigo, el Doctor.


Y esto es todo por el momento, espero que esta reseña os anime a ver una serie de culto que por muchos está considerada el mejor programa de ciencia-ficción de la historia de la televisión. Servidor no se atrevería a decir tanto, pero desde luego es un producto de calidad, ameno y sobre todo diferente a lo que estamos acostumbrados.

7 de septiembre de 2010

Fringe, o cómo Dunham consigue hacernos olvidar a Scully y Burke

J.J. Abrams es un tipo listo. 
Al contrario que la mayoría, comenzó su carrera en el cine y ha acabado viviendo casi exclusivamente de la televisión porque, a pesar de grandes éxitos como "Eternamente joven" y "Armageddon" (guionista de ambas y productor de la primera), Hollywood no se lo ha puesto nunca fácil a este chico.
Sin embargo, si nos ceñimos a la pequeña pantalla, nadie debería atreverse a cuestionar el casi impecable (e impresionante) currículum que ha conseguido con tan sólo 44 años. Hablar de Abrams es hacerlo de grandes hits de la caja tonta como "Felicity", "Alias" o "Perdidos", serie que le ha catapultado definitivamente al panteón de los dioses del entretenimiento, le pese a quien le pese.

Siempre suele recibir críticas bastante dispares, y esto también es marca de la casa. A algunos les encanta (sobre todo por el hecho de que Abrams no suele dar toda la historia ya mascada al espectador, sino que va diseminando pistas con cuentagotas para que el televidente pueda sacar sus propias conclusiones), a otros les parece basura (se sienten engañados, decepcionados...), unos pocos (muy pocos, menos mal) incluso ven en su trabajo mensajes ocultos sobre el por qué de la vida y la existencia...Pero desde luego, no deja a nadie indiferente. Y eso es lo verdaderamente importante en el negocio, ¿no creéis?

Así, llegamos a la serie que nos ocupa, "Fringe" (aquí en España titulada "Al límite" y emitida por Canal +), un entretenimiento que desde el primer minuto lleva el sello Abrams grabado a fuego. Porque la serie empieza, nada más y nada menos, que con un accidente de avión. Pero no os asustéis, que cualquier similitud con cualquier otro producto del director/guionista/productor/creador/compositor será pura coincidencia, al menos en lo que a argumento se refiere, porque el tratamiento, como veremos más adelante, sigue las mismas pautas que han llevado al éxito sus otros trabajos.

Como decía, la serie empieza con un accidente de avión. El marrón de la investigación se lo come la agente del FBI Olivia Dunham (interpretada por Anna Torv), que, desesperada y sin nadie más a quién acudir, decide recurrir al científico Walter Bishop (John Noble), antaño un brillante aunque poco ético científico y ahora un demente de la tercera edad que lleva diecisiete años recluído en una institución psiquiátrica. La única forma de salir de allí es que un pariente cercano lo ordene y éste será su hijo Peter (Joshua Jackson), un timador que tiene muy poco de Robin Hood, y cuya relación con su padre es prácticamente nula, sobre todo debido a traumas derivados de las investigaciones de Walter en los 80.
A partir de aquí, este curioso equipo, completado por Astrid Farnsworth (Jasika Nicole), asistente de Olivia, y Charlie Francis (Kirk Acevedo), otro agente del FBI, comenzará a investigar una serie de sucesos difíciles de explicar de forma científica conocidos como el Patrón.

Visto así, podría parecer que nos encontramos con una serie que aprovecha el filón de "CSI", "Mentes Criminales" y demás productos del mismo estilo. Investigación científica, vaya. O, por el contrario, los más frikis podrán creer que se encuentran ante una imitación de ese gran fenómeno que fue "Expediente X". Y todos ellos tendrán razón. Porque ésta es una serie de suspense policíaco que bebe de misteriosos casos sin resolver que nos llaman la atención por su extravagancia e imaginería, pero los aborda desde un punto científico, casi clínico. Y es un acierto, aunque no EL acierto.

Porque lo realmente bueno de este serial, por lo que cualquier fan de Abrams o simplemente de la ciencia-ficción debería animarse a verla, es por sus personajes.
Al igual que en todas las anteriormente mencionadas obras de este director, estamos ante personajes en tres dimensiones, de carne y hueso, y no meros clichés.
El caso más evidente es Walter Bishop, una mezcla de Albert Einstein y Doctor Frankenstein, un hombre excéntrico y extraño que, además, provoca los mejores momentos de humor en la serie, notablemente cada vez que se encuentra cerca de Astrid, cuyo nombre confunde continuamente.

Por supuesto, tenemos a Olivia, eje principal de la trama, un personaje que evoluciona capítulo a capítulo, casi sin darnos cuenta, y que para los fans resultará bastante familiar, ya que el tratamiento que le dan los guionistas se asemeja bastante al que se le dio en su momento a Juliet Burke en "Perdidos". Estamos ante una mujer fuerte, inteligente, atrevida y muy capaz de valerse por sí misma, pero al fin y al cabo un ser humano, con sus fallos y debilidades.
Y así de bien podríamos hablar de todos los demás protagonistas, porque es lo que realmente da de comer a J.J. Abrams: crear personajes que lleguen al corazón del telespectador.

Por último, cabe destacar la gran calidad de la serie en general, tanto en el aspecto técnico como en el artístico. Buen trabajo de dirección, guiones entretenidos, una producción más que aceptable (a veces sobresaliente, algo difícil en la pequeña pantalla)... Y, sobre todo (algo que también es marca de la casa), muchos enigmas por resolver, una trama de fondo que plantea una gran cantidad de interrogantes cuyas respuestas nos van dando poco a poco, para que la tensión y la atención no decaigan.